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Terra
La Coctelera
5

Final

Hay quien dijo que muchas veces es más difícil abandonar que volver a empezar. Este garabato está dedicado a todos/as aquellos que tuvieron que dar punto final y necesitaron todas sus agallas para ello.
Las cadenas de la fe en algo son del acero más duro. Los grilletes del corazón impiden todo movimiento. Escapas para ir al páramo, escapas sin medio cuerpo, escapas desorientado bajo un sol en la nuca, pero continuas adelante porque sabes o crees que sabes que un día el sol dejara de abrasarte, porque sabes que un día tu cuerpo se recompondrá y crecerás y serás más fuerte, escapas por ti, porque nadie creyó en ti, escapas con los pies desnudos y sangrando lacerados por los punzantes recuerdos porque sabes que al final del camino, tu alma será una columna de duro mármol que ni el viento más fuerte desgastará.
Gritaste para ahogar el lamento y tu voz es como el silencio en el páramo sordo, pero de tu fuerza creaste mil voces en tu interior que nunca más dejarán entrar el siseo lento de la mentira y de la muerte. Amaste hasta cubrir el horizonte de tu sentir y el sol ciego que anhelabas prender se escondió más allá de donde alcanzabas, y aquel sentir perdido se convirtió en tu sangre derramada dejándote sin aliento ni esperanza, en un pellejo casi etéreo que flotaba sin voluntad. Pero no fue tu final, rompiste las cadenas para huir y tu sombra ahora se ha convertido en la de un gigante.

Un eterno abrazo para todos los que tuvisteis que romper esas terribles cadenas.

3

La gente

Ellos no son yo. Ellos me rodean, me miran, me hablan, me preguntan, me piden, me odian o desean, me tocan, pero no son yo. Observo sus mecanismos, sus agrupaciones, sus maneras de echarme a la cara de que no están solos, de que no son yo. Los intento comprender y fracaso, los intento amar y fracaso, los imito y fracaso. Están lejos, muy lejos, otras cerca, demasiado, puedo olerlos, sus palabras rodeadas de halitosis, las odio, sus palabras cargadas de ira, me aburren. A veces sus palabras son como las mías, me acerco a ellos, sin embargo, pronto todo se disuelve y lo que dicen es absurdo, me alejo de nuevo, los observo en la distancia, en la soledad. No os deseo cerca, os rehuyo, porque vuestras presencias me recuerdan, como un espejo de la verdad, qué soy.

1

Me pregunto

A veces me pregunto si soy real, si existo, si tengo algo que ver con todo lo que me rodea, otras soy consciente de que soy real, de que existo, pero es sin embargo el mundo aquello irreal, una fantasía, un delirio, otras somos tanto el mundo como yo un sueño acaecido en la siesta veraniega de un dios joven, y por último, otras, en los días plomizos de otoños, tanto el mundo como yo somos de una dura realidad que se clava fría en el pecho, que se entrelaza hasta ahogar en el cuello, que te aprisiona el alma en las cuevas del sinsentido, alejado de las luces, repleta la estancia de recuerdos como flores marchitas, libros viejos, polvo, en la que te sientes que no es la vida sino la muerte la que te conduce, que todo es inútil, imposible, nulo, fin, nada.

3

El abismo que nos mira.

“Cuando miras el abismo el abismo te mira a ti” decía más o menos Nietzsche. Cierto día, hace ya mucho tiempo, se me ocurrió mirar el abismo. Éste me devolvió la mirada. Casi me vuelvo loco. Quise hallar su fondo y me percaté de mi ingenuidad demasiado tarde. Creí que podría lanzarme a su vacío y luego retornar con alas de ángel, y al arrojarme a aquella oscuridad perdí mi alma, la fe y la esperanza estrellándome contra su fondo. Tras enormes fatigas en aquel océano de fría oscuridad, encontré un camino de retorno con la ayuda de otros abisales que como yo estábamos allí atrapados. Finalmente conseguimos retornar a la soleada planicie. Sin embargo, jamás seremos los mismos, y sabemos perfectamente que en cualquier momento la tierra se puede abrir bajo nuestros pies para que el abismo se nos engulla de nuevo. Latente, en todos nosotros sigue ahí el recuerdo de su terrible vacío y el estigma de una piel albina que no se pierde ni con el más tórrido sol.

1

A aquellos

A aquellos que la vida los aparto de mi lado,
a aquellos que los sueños me traen al recuerdo,
a aquellos que nunca más abrazaré
besaré, reiré o charlaré con ellos,
a ti, a todos,
donde estéis
en el cementerio o a mil metros,
como estéis
triunfadores, generosos, amados,
enfermos, locos o muertos,
os envío este manuscrito
dentro de una botella de unos y ceros,
para deciros:
que no me gusta la vida,
con sus engaños y entuertos,
y que no estáis aquí
y que simplemente os hecho muchísimo de menos.

Hasta nunca, y a la vez, hasta siempre,
porque esos instantes en los que coincidimos
son eternos,
y se repiten constantemente en el tiempo,
y no hay dioses todopoderosos
ni enfermedades que borren el recuerdo
ni toneladas de tierra que sepulten nuestros cuerpos
que nos puedan robar ya esos momentos.

Cada minuto juntos
fue un pacto sellado escrito en la nada,
nada que es todo,
que nos alberga y da sentido al algo,
algo que es el universo,
universo que se mueve,
que es el tiempo,
que gira como una rueda
de destrucción y creación,
rehaciéndose a cada ciclo,
retornando a la vida al mundo,
volviendo a la vida a ti,
a mi,
a todos aquellos que os tornareis a separar de mi lado,
a todos aquellos que volverán en mis sueños,
al recuerdo,
y que hará que de nuevo eso llamado yo,
me halle aquí, escribiendo este verso.

2

Extraño en su propia ciudad

Desconozco si os ha sucedido alguna vez, me refiero a sentirse extraño uno mismo en su propia ciudad. Las piezas que giran en el engranaje de la rutina diaria por un tiempo se paran, una parte dormida de nosotros despierta, no somos el mismo, rescatamos la mirada del peregrino y es entonces cuando sucede.
Las gentes que nos rodean no las hemos visto jamás, sus expresiones nos son irreconocibles o incomprensibles, los edificios de siempre ya no son tales, el individuo toma posesión de nuestro cuerpo, el brillo del sol se hace diferente, un destino trascendental nos embarga ¿Hacia donde voy es a dónde tengo que ir? Talmente somos la figurilla plástico de escala 1/72 de una vulgar maqueta de ferrocarril y que se percata de sus rebabas. El trayecto de vuelta a casa, después del trabajo, se torna lento ¿Quién soy? Se escapa de nuevo de entre los labios.
Es bastante posible que si te decides a pararte en algún lugar no te vuelvan a ver nunca jamás. La mayoría decidimos volver a nuestras casas, dejándonos arropar de nuevo por el muertepensar de la cotidianeidad.

1

Morella

“…y no conservé noción alguna de tiempo o lugar y las estrellas de mi sino se desvanecieron del cielo y, desde entonces, la tierra se oscureció y sus figuras pasaban junto a mí como sombras fugaces, entre las que destacaba sólo una: Morella. Los vientos del firmamento no exhalaban sino un único sonido en mis oídos y las ondas del mar murmuraban eternamente: Morella.”

Extracto de “Morella”, relato de mi primer y más querido maestro: Edgar Allan Poe. Allí donde estés, un fuerte saludo y un brindis con oporto.

2

Ausencias

Quieto, calmo, percibo mi soledad. Ella, él, no están aquí, junto a mi, los necesito y no están, los recuerdo pero no puedo hablarles. Da igual la hora del día, da igual el lugar, la ausencia toma posesión de mi, parece que soy más lúcido y no quiero esa lucidez. ¿Donde estáis? ¿Por qué me abandonasteis? Las respuestas aparecen otra vez, las vuelvo a analizar, sí, lo sé, no puedes estar aquí, estas muerto, no me querías, necesitabas huir, yo fui un egoísta, lo sé, pero os necesito, de verdad, no entiendo el mundo, los ojos escupen su propia sangre, todo está inmóvil. Entonces algo me distrae, algo sencillo, estúpido, divago sobre asuntos del trabajo, recuerdo algo divertido, la ausencia desaparece. Asumo mi soledad.