Ausencias

Quieto, calmo, percibo mi soledad. Ella, él, no están aquí, junto a mi, los necesito y no están, los recuerdo pero no puedo hablarles. Da igual la hora del día, da igual el lugar, la ausencia toma posesión de mi, parece que soy más lúcido y no quiero esa lucidez. ¿Donde estáis? ¿Por qué me abandonasteis? Las respuestas aparecen otra vez, las vuelvo a analizar, sí, lo sé, no puedes estar aquí, estas muerto, no me querías, necesitabas huir, yo fui un egoísta, lo sé, pero os necesito, de verdad, no entiendo el mundo, los ojos escupen su propia sangre, todo está inmóvil. Entonces algo me distrae, algo sencillo, estúpido, divago sobre asuntos del trabajo, recuerdo algo divertido, la ausencia desaparece. Asumo mi soledad.


A los garabatos nos gusta enredarnos, ser imperfectos y perseguir los espacios vacíos. Nacemos del aburrimiento que nos rodea y nos encanta deformarlo todo. Tenemos como vecinas las letras y nos solemos reir de ellas, tan serias. Nos encantan las libretas, los bordes de los libros de texto y las manos divagantes.
evaluna dijo
Una vez dije: Si la soledad abandonará mi cuerpo, quedaría su ausencia detrás. Existimos en este garabato de mundo (como celebremente escribiste) un tipo de personas, aquellas que ya aprendimos a lidiar con nuestra soledad, aquellos que por mas acompañados que estemos más solos nos sentimos, a veces envolvernos en nuestro mundo interno es mejor que convivir con los demas entes que poblan nuestro habitat. Suerte.
5 Octubre 2005 | 03:21 AM