El abismo que nos mira.

“Cuando miras el abismo el abismo te mira a ti” decía más o menos Nietzsche. Cierto día, hace ya mucho tiempo, se me ocurrió mirar el abismo. Éste me devolvió la mirada. Casi me vuelvo loco. Quise hallar su fondo y me percaté de mi ingenuidad demasiado tarde. Creí que podría lanzarme a su vacío y luego retornar con alas de ángel, y al arrojarme a aquella oscuridad perdí mi alma, la fe y la esperanza estrellándome contra su fondo. Tras enormes fatigas en aquel océano de fría oscuridad, encontré un camino de retorno con la ayuda de otros abisales que como yo estábamos allí atrapados. Finalmente conseguimos retornar a la soleada planicie. Sin embargo, jamás seremos los mismos, y sabemos perfectamente que en cualquier momento la tierra se puede abrir bajo nuestros pies para que el abismo se nos engulla de nuevo. Latente, en todos nosotros sigue ahí el recuerdo de su terrible vacío y el estigma de una piel albina que no se pierde ni con el más tórrido sol.


A los garabatos nos gusta enredarnos, ser imperfectos y perseguir los espacios vacíos. Nacemos del aburrimiento que nos rodea y nos encanta deformarlo todo. Tenemos como vecinas las letras y nos solemos reir de ellas, tan serias. Nos encantan las libretas, los bordes de los libros de texto y las manos divagantes.
laveron dijo
ya no seremos los mismos. el abismo va dentro nuestro...
11 Octubre 2005 | 02:31 AM